3 jul 2011

Reflexión II /16:35h

Aquí está, una niña de casi 17 años de edad, y digo niña puesto que a pesar de su mediana edad, conocimientos y madurez, su inocencia e inexperiencias en la vida la convierten en eso, una niña.
Una niña que a pesar de esforzarse por transmitir una apariencia fuerte, segura de sí misma y con carácter, también es muy débil y delicada, frágil e insegura.
Esta inseguridad e inocencia, crecen desmesuradamente cuando se trata de asuntos amorosos. Al aparecer palabras como amor o sentimientos, un escalofrío recorre todo su cuerpo haciéndole sentir un pánico terrible.
Poco a poco logra controlar esa sensación y se sumerge en un mar repleto de dudas e interrogantes, de preguntas sin respuesta donde trata de reflexionar acerca de lo que le está sucediendo, pero lo que ella no sabe, es que el único modo de solucionar sus problemas, es enfrentándose a ellos.

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